¿Cómo enseñar a los niños a escuchar su cuerpo e identificar sus emociones?

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Las emociones pueden influir en nuestra salud física, también en la de nuestros hijos. Por eso es importante enseñar a nuestros niños a identificarlas, abrazarlas y gestionarlas correctamente desde que son pequeños. ¿Sabías que el pánico puede provocarle a tu hijo un ataque de tos? ¿O que tras un dolor de cabeza se esconde la resolución de un conflicto? Debemos enseñar a los niños a escuchar su cuerpo para aprender a identificar sus emociones y las heridas emocionales a las que se está enfrentando.

Como padres, podemos hacer mucho para enseñar a los hijos a escuchar su cuerpo y así poder reconocer los síntomas que alertan de un malestar emocional. ‘¿Me duele el estómago  porque estoy nervioso?’ ‘¿Me siento mal porque tengo que hacer muchos deberes y me desespero?’.

Vamos a ver tres pautas que debemos tener en cuenta.

1. Ser un modelo para tus hijos
Los padres debemos ser, siempre y en todo momento, modelos y referentes coherentes para nuestros hijos. Si dices en tu interior: ‘estoy enfadada’, ‘triste’, ‘tengo miedo’, pero cuanto tu hijo te pregunta les dices ‘nada, no me pasa nada’, lo que haces es no ser un buen ejemplo, pues cuando él se sienta igual tratará de evitar hablar del tema, mirará para otro lado, no querrá reconocerlo y mucho menos mirar a sus sentimientos de frente.

Enseñar con el ejemplo a tus hijos cómo gestionas tus emociones, es el primer paso para que ellos sepan hacer lo mismo.

2. Habla con tus niños
Pregúntales qué tal están, cómo se sienten, comenta su día, pasa tiempo de calidad con ellos… Así sabrás si se enfrentan a un conflicto emocional y de qué modo tú les puedes ayudar.

3. Pon nombre a sus emociones
Si tus hijos están tristes o se sienten frustrados, en lugar de querer que se les pase cuanto antes, se debe hablar del porqué de ese estado: ¿es por algo que ha pasado en el colegio?, ¿se debe a los nervios por el examen de mañana? Poner nombre a las emociones también suma al objetivo de evitar las heridas emocionales de los hijos. Debemos animarles a que se detengan a analizar esa emoción que sienten e, incluso, en qué lugar de su cuerpo la están sintiendo. De esta forma, aprenderán a identificarla.

Hay veces que por desgracia, la vida nos juega malas pasadas: la pérdida de un ser querido, la separación de los padres, una enfermedad. Hechos complicados que se viven en la familia que nos afectan a todos, a los niños también; causan heridas emocionales que necesitan ser tratadas debidamente para que sanen o al menos no hagan más daño y no nos perjudiquen en todos los ámbitos de nuestra vida.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que, en ocasiones, las heridas emocionales surgen por pequeñas cosas que a veces se nos escapan, por ejemplo, que en el cumpleaños al que ha ido el niño por la tarde no le hayan prestado la atención que quería (o esperaba) o que se haya sentido abandonado porque por un instante no veía a sus padres.

Estas lesiones emocionales, pueden desencadenar, por ejemplo, una crisis asmática, un dolor de estómago, una diarrea… Es decir, las heridas emocionales se convierten en dolores físicos. Es importante, aprender  a escuchar nuestro cuerpo para así poderlas  reconocer.

Es importante tener en cuenta que  si los vemos tristes, inseguros, decaídos… es posible que no se sientan bien a nivel emocional, afectivo o psicológico. ¿Qué le puede estar pasando? Es importante que los padres estemos atentos a ello y que enseñemos a nuestros hijos a identificar sus emociones. Y un buen primer paso es enseñarles a escuchar su cuerpo.

Recuerda: Yeimmy Charry, tu amiga y psicóloga