“CON AMOR ETERNO A MI PAPÁ QUE ESTA EN EL CIELO”

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Justamente por estas fechas, tuve la suerte de pasar la última Navidad y Año Nuevo con mi PAPÁ José Lizardo Iriarte Villarruel en el año 2019 y que por llamado de DIOS en este año 2020 desde el 7 de noviembre no nos acompaña. Es y será siempre una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Fue un gran PAPÁ y Amigo. Una de esas personas que alimentan tu corazón de sentido con sólo tenerle cerca, que te miraba a los ojos y te regalaba su cariño a través de una simple mirada. Alguien así eras tú PAPÁ para mí. Recuerdo, una a una, todas las navidades que pasamos juntos… Cuántas sonrisas acumuladas, abrazos, cuántas lágrimas vertidas en un mismo pañuelo, cuántos sueños realizados de la mano siendo tu PAPÁ mi bastón para sostenerme y no caerme, cuánto tesón descubierto en tu humilde y sincero corazón. Es, en estos momentos de vacío y, a la vez, alborozo interior, cuando susurra como una leve brisa, en lo más profundo de mí ser, tu recuerdo. Cómo me animabas cuando la soledad me ganaba la batalla, cómo conseguías sacarme una sonrisa en los momentos más difíciles, cómo alentabas una Fe que hoy se mantiene viva gracias a tu testimonio, cómo hacías de mi vida un camino para la esperanza… Son tantas las sensaciones que encontré en ti que hoy no queda lugar para el olvido. A veces, pienso que, lo que sentía y siento por ti, era y es algo especial en el amor de un hijo a su PAPÁ y AMIGO y que seguirá ese sentimiento por toda la eternidad. Tal vez, los prejuicios y la hipocresía de un mundo ficticio me incitaron a esconderme bajo mi cascarón para seguir siendo otro más de la manada. Pero tú siempre me animabas en mi debilidad, solventabas mis problemas y despejabas todos mis miedos. Pienso en toda la gente que te quería, que fue capaz de recorrer tierra y mar por estar a tu lado y sentir tu presencia, que lloró por ti y porque no te marchases… y no puedo evitar emocionarme.

Es la primera Navidad y Año Nuevo que voy a pasar sin ti. Aquellos días nunca los olvidaré. Vagamente, recuerdo que me hablaban mucho de ti, de la gran persona que eras y de la inmensa bondad que inundaba tu ser. También, he de reconocer que no todos estaban de tu parte y algunos criticaban tu forma de ser, de hablar, de vivir… ¡y hasta de quererme!

Seguro que muchos de ustedes han tenido, un PAPÄ, un Amigo como el que tuve, y tengo. Y puede que, el mismo Amigo mío que ya marchó al Cielo, los haya mirado también a ustedes a los ojos y los haya colmado del más sincero amor con sólo su mirada. De igual forma, quizá lloraron por su muerte, o lo llevaron en sus Oraciones para que su sufrimiento encontrara el consuelo necesario para calmar su dolor. Pero, como siempre, sólo Dios sabe para y por qué pasan las cosas en este mundo. Aún así, le siento vivo en mí, presente en mí caminar y que intercede en mis pasos espirituales.
A mi PAPÁ y AMIGO José Lizardo, que partió al encuentro con DIOS, quiero agradecerle el esfuerzo diario, por haberme dado la educación y formación, que en lo personal me evitaron caer en las trampas generacionales. Doy gracias a DIOS por todo el tiempo (el tiempo solo nos separó 28 meses) y que estaremos juntos en la eternidad, ya que mi PAPÄ siempre será de incalculable valor en las vidas posteriores donde nos encontremos. Estoy completamente orgulloso de haber tenido un PAPÁ y AMIGO como el que DIOS me dio y se llevó a su Reino.

PAPÄ y Amigo, no puedo olvidarme de ti sabiendo que, cuando estabas al borde la muerte y rozando el precipicio entre ésta y la otra vida, con tu mirada y apretones de manos en la clínica me hiciste entender que querías despedirte de mí y agradecerme mi infatigable cariño de hijo. Pero, ni tu voz, ni tu agotamiento físico, pudieron frenar los impulsos de un hombre que enseño al mundo la palabra más importante que en éste habita y que nos recordó con el testimonio de su vida: el Amor entregado. Un Amor con mayúsculas y una promesa que dejaste sellada en nuestras almas. Esta Navidad y Año Nuevo no podré celebrarla contigo a mi lado, pero sí en la distancia… ¿No dicen que, del Cielo a la tierra, hay un solo paso? Lo mismo que de mi corazón hasta donde estás tú. Por todo lo que has significado en mi vida, no sufriré por tu ausencia, sino que te siento tan dentro de mí que hasta puedo llorar de alegría. Gracias PAPÁ, Gracias Amigo.

“HOY QUE YA HE APRENDIDO A CONVIVIR CON ESE VACIO, QUIERO DECIRTE, QUERIDO PAPÁ QUE SIENTO TU MIRADA, TU COMPAÑÍA Y A TU AMOR DANDOME FUERZAS DESDE EL CIELO”