Conozca como disminuir la agresividad en los niños

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Hay familias en las que el modo de comunicarse es muy agresivo y en ocasiones sus miembros tardan mucho tiempo en poder darse cuenta del daño que se están causando. En estas familias los niños van generando mucho resentimiento y enojos, y van copiando las conductas agresivas de los adultos que los rodean. A veces son reprendidos por hacer algunas cosas de la misma manera que las hacen los demás miembros de su familia. Se confunden, no comprenden, también repiten las mismas actitudes en los ámbitos escolares a los que asisten, y por eso son reprendidos o excluidos del grupo.

 Nuevamente, van generándose en el niño sentimientos de enojo, de angustia y se van a reiterar estas situaciones en donde los adultos tienen la mayor parte de la responsabilidad.

Si papá y mamá no se dan cuenta de que las conductas agresivas del hijo están diciéndoles que algo pasa en el seno familiar, cada vez serán más graves las agresiones.

Un niño que vive situaciones de violencia, de maltrato o de negligencia de manera muy frecuente en su familia padecerá, sin duda, las consecuencias, aunque en ocasiones no sean tan visibles en un primer momento. El niño puede manifestar las siguientes alteraciones:

•Problemas de sueño, pesadillas, dificultad para dormirse, pedir compañía o luces encendidas

•Dejar de comer como lo hacía, comer mucho o casi nada.

•Estar muy inquieto.

•Problemas de aprendizaje

.•Estar más retraído, ser más solitario.

•Adquirir conductas peligrosas, tales como trepar a lugares no seguros, asomarse a las ventanas, intentar cruzar la calle solo.

•Tener conflictos sociales entre sus amigos.

•Sentir miedos

Si como adultos tenemos presente que los niños deben poder reconocer las situaciones agresivas y violentas, propias y ajenas, también podremos ayudarlos a que las controlen o bien a que no respondan o se alejen de esas personas con conductas agresivas. Estas son situaciones que se aprenden a observar y a controlar en casa, y es tarea de los padres

Enseñárselo a los hijos con el buen ejemplo, y con actitudes.

En muchos hogares los padres no tienen tiempo para mirar los cuadernos o las carpetas escolares de sus hijos. Ellos sienten que son un peso para sus padres, que llegan cansados de trabajar y no se animan a pedirles que los ayuden con sus tareas, pues ya varias veces han tenido respuestas acerca del cansancio que tanto el padre como la madre tienen al llegar a casa. También saben que los padres desean que hagan sus tareas de manera independiente, pero, lamentablemente, no siempre es así. Es más, tal vez el tema escolar sea una manera de acercamiento y de tener a la madre o al padre pendientes de su rendimiento.

Es tarea de los padres enseñarles que ellos pueden sentirse muy enojados, muy lastimados, pero siempre tienen que responder sin violencia, con educación y respeto. Insisto, no es que no puedan sentir enojo y hasta furia, lo que hay que resaltar es que no deben responder violentamente, sino aprender a controlar sus sentimientos y sus impulsos

Así como es necesario que nosotros podamos “manejar” nuestra agresividad y ponerle palabras adecuadas a una situación que nos enoja, también es preciso que tanto niños como adolescentes aprendan a reconocerse en esas situaciones. Y esta tarea también es de los padres, la de enseñar a sus hijos a reconocer la agresividad en ellos y brindarles estrategias para controlarse y no dañar a los demás

Como adultos referentes, es conveniente que tanto las familias como los docentes advirtamos aquellos mensajes que apoyan  la violencia y que podemos estar transmitiendo a niños y adolescentes, tal vez sin darnos cuenta, sin notarlo siquiera, les damos una idea desvalorizada de lo que realmente es la violencia, la agresión, el maltrato. Con desvalorizar la violencia me refiero a darles poca importancia a las palabras que pronunciamos o que escuchamos y escuchan nuestros hijos, a los gestos que hacemos u observamos en ellos, como así también a los tonos que utilizamos cuando hablamos, tanto cuando nos dirigimos a ellos o a cualquier persona, sea familiar o no. La vida que llevamos, con tantos apuros y tantas urgencias, muchas veces no nos permite hacer muy seguido observaciones de este tipo, pero es necesario. Es cuestión de darnos cuenta de que es una forma más de cuidarlos, de protegerlos y de enseñarles a que se protejan. Si nosotros no les permitimos a nuestros niños que nos traten de una manera agresiva, también les estamos enseñando que a ellos tampoco deben tratarlos de esa manera.

El adulto del mañana se va forjando desde este presente, con innumerables vivencias, Anticípense a las situaciones, planifiquen con un poco más de tiempo, recuerden que son ustedes los que llevan las riendas de las situaciones. Los hijos los miran y aprenden, aprenden estilos, modales, tonos de voz, movimientos amorosos o agresivos. Ustedes saben, se dan cuenta, y ellos también.

Recuerda Yeimmy Charry Trujillo es tu amiga y psicóloga.