AVANZAR… AL PASADO

Por: Carlos Alberto Monje Méndez

Periodista y abogado

Son diversas las reacciones, opiniones y pronunciamientos frente al proyecto de ley que pretende castigar a los violadores y asesinos de niños, niñas y adolescentes con Cadena Perpetua, conducta de por sí, execrable.

Partiendo desde el mismo presidente de la república, Iván Duque, el que cuando sugirió “Evaluar la conveniencia  de la medida, atizó la fogata de la discusión. 

En su momento los partidos Farc y Polo Democrático, radicaron en la Comisión Primera de la Cámara, una ponencia que buscaba hundir el proyecto, al considerar que las penas actuales son suficientes puesto que si se aplican en su totalidad, son equivalentes a una cadena perpetua.

El representante Germán Navas, citando estadísticas de la Fiscalía General de la Nación, dijo que “En Colombia sólo se condena al 5 por ciento de los abusadores, violadores y asesinos de niños de manera que de nada sirve acudir a la cadena perpetua como condena si existe una impunidad del 95 por ciento” y agregó que “lo que hay que hacer es fortalecer la Fiscalía para castigar con la penas que existen a los responsables de ésta conductas”.

Mientras tanto el fiscal general de la nación Francisco Barbosa, no se mostró partidario de imponer la cadena perpetua tras indicar que “Se aumentan las penas pero se disminuye las sentencias,  pues no se le permite a los jueces un margen de apreciación, porque el derecho no tiene que ser mirado a través del simbolismo de las penas, sino también de la efectividad de las mismas”.

Hay personas que piensan incluso, entre los que me incluyo, que promover ésa clase de iniciativas, independiente de que se conviertan en ley de la república o no, (Recuérdese que iniciativas en el mismo sentido fueron archivadas en once oportunidades), es una buena forma de hacer política, sacando dividendos electorales, como en su oportunidad lo hizo la entonces candidata y luego senadora Gilma Jiménez (Q.E.P.D), en cuyo nombre y como homenaje póstumo se promueve y la que de aprobarse, llevaría su nombre.

La ponente del proyecto de reforma constitucional, la senadora Esperanza Andrade, fue más allá, pues  en declaraciones al Noticiero Popular de Alfa Estéreo manifestó que “No sólo merecen los violadores como castigo la cadena perpetua, sino también la pena de muerte”, la que, lamentó,  no es permitida por la Constitución Política de Colombia…”.

Como se puede ver unos están de acuerdo en imponer la cadena perpetua como castigo a violadores y asesinos de niños, otros incluso, si les fuera posible, la endurecerían aún más, llegando a mencionar la pena de muerte; Otros más no están de acuerdo pues consideran que la pena prevista para castigar la infame conducta es suficiente, si se impone la pena principal prevista en nuestro código penal e incluso, hay quienes creen que lo importante no es endurecer el castigo si no hacerlo efectivo.

Para resumir, todos coinciden, en el castigo, en la pena a imponer. Claro en eso de acuerdo, hay que castigar severamente semejante mountrosa conducta, pero nadie propone soluciones al problema que lo origina, para que éste flagelo termine.

Nadie habla de la causa que motiva la ocurrencia del problema, de la descomposición social que lo origina y sobre todo de lo que hay que hacer para que, en generaciones futuras, nuestros niños, niñas y adolescentes no sean víctimas como hoy de semejante y oprobioso delito.

Tampoco nuestros honorables senadores y representantes plantean los alcances del espíritu de la norma contenida en el artículo 4 de nuestro código penal, la que habla de las Funciones de la Pena, entre otras, la de la prevención general y de la prevención especial, así como la de la reinserción social.

Nadie propone acometer acciones serias, coherentes, sugerir programas efectivos que debe acometer el Estado dirigidos a todos los sectores de la población, del viraje que se tiene que dar a la educación en Colombia, los que refunden en principios y valores morales a sus ciudadanos, en el respeto a la vida y a la dignidad de las personas…

Entonces con nostalgia casi romántica, añoramos lo que fue la educación del pasado, la que de verdad era integral, entendida ésta desde lo académico, lo físico y sobre todo, desde la parte moral en la que se enfatizaba con gran dedicación y casi con devoción, para hacer de las personas buenos seres humanos… Es por ello que hay que pensar en AVANZAR AL PASADO pensando en FORMAR PARA NO TENER QUE CASTIGAR, con el remordimiento y el cargo de conciencia de saber que los culpables de la ocurrencia del condenable delito, somos quienes no nos preocupamos por dar a nuestra sociedad los cimientos morales necesarios,  para no incurrir en semejantes atrocidades.