Según la OMS el 5G traerá más beneficios que problemas

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La quinta generación de comunicación inalámbrica nos promete una mayor velocidad que el actual 4G/LTE y una menor latencia. Dos aspectos clave que podrían cambiar nuestra forma de conectarnos a internet.

El 5G no es peligroso. Al menos, no más que las ondas que estamos usando hoy en día y que en 2014 la OMS explicó que no suponían un riesgo. Como ya ha ocurrido tantas otras veces, se trata de una reacción ante los avances como ya ocurrió con el WiFi, los productos químicos o las vacunas.

La OMS calificó la tecnología inalámbrica como cancerígeno del nivel 2B, una catalogación muy genérica que, según la propia organización sanitaria, hace referencia a los compuestos “posiblemente carcinógenos para los seres humanos, esto es, cuando se considera que una asociación causal es creíble, pero el azar, los sesgos o los factores de confusión no pueden descartarse con una confianza razonable”, una categoría en la que se incluyen sustancias que se tienen como poco nocivas, como el café.

Sin embargo, a pesar de que la OMS haya afirmado que “los estudios realizados hasta la fecha no indican que la exposición ambiental a los campos de RF (radiofrecuencia) aumente el riesgo de cáncer o de cualquier otra enfermedad”, desde ciertas organizaciones alertan de los potenciales peligros para la salud de las ondas de telefonía móvil. Por ejemplo, la ONG Ecologistas en Acción emitió recientemente un comunicado en el que alertaba de que la implantación del 5G se había llevado a cabo “sin evaluar sus posibles efectos sanitarios y ambientales, a pesar de los contundentes y numerosos llamamientos científicos a aplicar el principio de precaución”.

De momento, con los estudios científicos en la mano, parece que el 5G traerá más beneficios que problemas.