Nunca restaurado, pero sí repintado y modificado ha sido el templo de Santa Ana de Yaguará Huila

“Anémica, una grosería, melancólica” es como han tildado normalmente los habitantes del municipio el aspecto que adquirió en el 2015 el templo de Santa Ana de Yaguará, cuando volvieron a cambiar su color de fachada. La decisión de esta intervención, que debería ser consensuada entre los pobladores y expertos en patrimonio, es tomada por la Diócesis de Neiva, que finalmente impone su voluntad.

A pesar de estar protegida mediante el Acuerdo Municipal 025 de 1999, esta obra, transcendental más por sus particularidades arquitectónicas que religiosas, ha sido motivo de diferentes intervenciones irresponsables con el transcurrir de las administraciones parroquiales, que a través de nociones personales han decidido en múltiples ocasiones remover, destruir o modificar notablemente ciertos elementos de sus componentes artísticos y escultóricos interiores, así como cambiar las tonalidades de su exterior, que es lo más preocupante.

Y no debería de ser así, pues el dinero que se invirtió en ello salió de fondos públicos municipales y de los bolsillos de los propios feligreses locales. La pintura en cuestión, actualmente se está desprendiendo fruto de su mala calidad, y lo peor, que el contrato que se adjudicó fue a un empresario de Yaguará, que, usando andamios de guadua y personas no profesionales en este tipo de procesos, terminó afectando el sistema de iluminación externa y las campanas de bronce del campanario.

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