México está cumpliendo con los planes fronterizos de Donald Trump

Los funcionarios mexicanos han estado cumpliendo con las metas migratorias del gobierno estadounidense de Donald Trump en varias partes de la frontera, lo que socava las promesas del gobierno de México de defender a los migrantes y respaldarlos en su búsqueda por una mejor vida.

Las autoridades mexicanas están bloqueando el paso de grupos de migrantes en pueblos fronterizos: no les permiten caminar hacia los puentes de cruce para solicitar asilo en Estados Unidos, han interceptado a los menores de edad no acompañados antes de que lleguen a territorio estadounidense y han asistido en la gestión de listas de solicitantes de asilo por petición de los estadounidenses que quieren limitar la cantidad de personas que cruzan.

El gobierno mexicano, a diferencia de sus prácticas previas para atener a refugiados, también ha permitido que su contraparte estadounidense devuelva a más de 120 mujeres, hombres y niños a Tijuana en lo que esperan la resolución de sus solicitudes de asilo en Estados Unidos. Ese programa de retorno será expandido a otros puntos fronterizos tan pronto como la primera semana de marzo.

Los funcionarios de la administración de Andrés Manuel López Obrador han dicho que esta postura respecto a los migrantes es una decisión estratégica pensada para no hacer enojar a Trump. López Obrador, indican, no cree que Trump vaya a cambiar de parecer, así que ha evitado entablar una pelea pública posiblemente costosa sobre el tema.

López Obrador, por mucho tiempo defensor de las personas en pobreza y desfavorecidas, suele referirse a sus planes para México como la cuarta transformación del país, con lo que equipara sus ambiciones con las de los grandes líderes históricos de la nación.

Ha impulsado sus credenciales de defensor del pueblo con la reducción de salarios del gobierno, al viajar en aviones comerciales y al abrir al público la antigua residencia presidencial de Los Pinos. También ha reducido drásticamente la cantidad de migrantes centroamericanos que son deportados desde México.

“No tengo idea de cómo voy a sobrevivir”, dijo Yanira, migrante salvadoreña de 34 años que temía ser atacada por personas vinculadas a la gente de la que buscó escaparse en su país natal. Yanira dijo que salió de El Salvador con sus hijos, de 8, 11 y 12 años, después de que una pandilla local intentó reclutar al de 11 años y amenazó con usar violencia a menos que aceptara.

Cuando Yanira fue devuelta a territorio mexicano por oficiales estadounidenses, se desmoronó. “Lloré y lloré”, comentó. Los funcionarios mexicanos han dicho que no pueden darles albergue o asistencia a los migrantes devueltos y han quedado a merced de grupos comunitarios en Tijuana y de otras partes del estado mexicano de Baja California.

La red de albergues ya está bajo una presión extraordinaria por la llegada casi continua de migrantes que viajan en caravana, y los centros están en exceso de cupo y capacidades. La hermana Salomé Limas, trabajadora social del albergue para migrantes Instituto Madre Asunta, en Tijuana, dijo que ahí se están hospedando 120 mujeres y niños en un espacio diseñado para 44 personas.

Entre los migrantes que están ahí hay varias familias que quieren conseguir refugio en Estados Unidos y que fueron regresadas en las últimas semanas por los protocolos de Trump. Limas indicó que el albergue puede acoger a las familias hasta que sean sus primeras audiencias del proceso en Estados Unidos, a finales de marzo. Después de eso comentó que no está segura de qué podrán hacer.

“¿Qué va a pasar con ellos?”, dijo la hermana Salomé. “No sabemos”.

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