El nombre de la rosa “reloaded” a la colombiana

Por Jhon Jairo Losada Cubillos

La escena transcurre en el ambiente religioso de un monasterio medieval del siglo XIV en el que aparecen muertes sistemáticas de los miembros de la comunidad. Se trata de una abadía benedictina italiana, famosa por su impresionante biblioteca, la cual tenía unas estrictas normas para el ingreso. Él, un fraile franciscano (Guillermo de Baskerville), que según los estudiosos en la materia personificaría al sacerdote franciscano y figura representativa del pensamiento científico Guillermo de Ockham.  Baskerville ostentaba un prestigio de hombre perspicaz, inteligente y crítico. La famosa novela de Umberto Eco, relata el espíritu medieval, en el que el libre pensamiento y la circulación del conocimiento era un asunto vetado, motivo de la inquisición. A partir de esta figura el autor muestra, en una trama de suspenso, la manera cómo la comunidad “defendía” los preceptos religiosos a costa la muerte de todo aquel que pretendiera navegar por el océano de la ciencia. De esta forma, se prohibía estrictamente el acceso a ciertos libros, que, a su vez, eran envenenados por el custodio de la biblioteca para evitar la propagación de sus contenidos. Sin embargo, pese a todos los obstáculos se termina imponiendo la racionalidad científica, el criterio y el discernimiento por encima del oscurantismo doctrinal, gracias a una figura, como Baskerville, quien, sin desligarse de su fe católica, y junto a su fiel discípulo Adso de Melk, logran sacar avante la empresa critica.

Al parecer no estamos lejos en Colombia de esta realidad retratado por Umberto Eco. Recientemente ha aparecido una iniciativa para limitar la libertad de cátedra y evitar el “adoctrinamiento político” de los profesores, sobre todo de las Ciencias Sociales, quienes, según el argumento del promotor, politizan a niños niñas y adolescentes en los colegios”. De esta forma se busca que “los profesores sean denunciados por constreñir o tratar de involucrar a sus estudiantes en algún tipo de ideología política o por desarrollar proselitismo en las aulas de clase puedan ser multados y sancionados”. Pasamos de las herejías religiosas al argumento de la ideología política. Del fundamentalismo teocentrista al autoritarismo de la extrema derecha. De la valentía de personas como el fraile Guillermo de Ockahm, a quién le debemos buena parte del método científico, a la neutralidad despolitizada y muerte política de sociedades como la nuestra, en la que argumentos como: “¡Esto no lo cambia nadie!”m siguen siendo la respuesta más fácil frente a este tipo de situaciones.

Vale la pena preguntarse si ¿limitar la cátedra no es otra forma adoctrinamiento o fundamentalismo, tal como ocurre en la novela de Eco? ¿Buscar que los profesores sean censurados, no es otra forma de envenenarlos (darles muerte) como sucediera en la biblioteca de la abadía benedictina? ¿La despolitización de la sociedad, no sería una empresa de muerte igual a la inquisición, donde era prohibido la crítica, el libre pensamiento y la razón? ¿No tendrá que ver esto también con el asesinato sistemático de los líderes sociales, quienes, al igual que los monjes de la abadía muertos, buscaban sacar la verdad a flote? ¿El argumento de la “ideología política” es una forma proteger intereses y privilegios particulares que le temen al razonamiento, circulación libre del conocimiento, al empoderamiento de la sociedad, formación de criterio propio, todas estas virtudes cultivadas desde las Ciencias Sociales?

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